Cristo en el Matrimonio
- El matrimonio puede iniciar en una condición semejante a la de la creación antes de la intervención divina: “desordenado y vacío”. Esto no solo describe caos, sino también la falta de propósito y la ausencia de la vida de Dios. Muchas veces se intenta sostener la vida matrimonial a través de obras, esfuerzos humanos, impulsos emocionales o ideas propias, pero sin la formación real de Cristo. Allí es donde se producen fricciones, tensiones y procesos dolorosos que, en realidad, son oportunidades para que la vida del Hijo sea formada en la pareja.
- El matrimonio es un misterio y una expresión del evangelio: es la narrativa visible del amor sacrificial de Cristo. Por eso, para que pueda permanecer firme necesita estar unido a la vida del Hijo. Dios no colabora con la antigua naturaleza para producir algo nuevo; Él prospera únicamente la vida de Cristo. La verdadera compatibilidad matrimonial no nace de los temperamentos o coincidencias humanas, sino de la vida de Cristo gobernando el interior. Dar gloria a Dios significa manifestar a Su Hijo, y eso implica morir a lo propio.
- Génesis 1 ofrece una imagen de cómo Dios ordena la vida interior y, por extensión, el matrimonio:
- Primer día – La luz: Dios ilumina la condición real del corazón. La luz revela lo que está desordenado, lo inmaduro, lo que funciona según la carne y no según el espíritu. Esta revelación es el inicio de la transformación.
- Segundo día – Separación: Dios separa lo de arriba y lo de abajo, lo eterno y lo terrenal. De la misma manera, Su Palabra discierne alma y espíritu. En el matrimonio esto se manifiesta en la necesidad de distinguir qué comportamientos provienen de la carne: controlar, justificar, imponer, administrar según criterios propios, sostener hábitos que parecen útiles pero que no tienen vida espiritual. Esta separación es dolorosa, porque toca formas de pensar arraigadas, actitudes automáticas, miedos, orgullo y patrones heredados.
- Tercer día – Lo seco aparece: Lo que está “bajo el agua” simboliza aquello que debe morir: actitudes viejas, reacciones impulsivas, formas humanas de intentar resolver la vida. Cuando lo viejo queda bajo juicio, surge espacio para que aparezca lo nuevo. La tierra seca representa el fundamento donde la vida de Cristo comienza a manifestarse y a dar fruto.
- Muchos matrimonios permanecen ocupados en obras, actividades, servicio o apariencia externa, pero sin fruto espiritual, porque no hay una vida interior realmente transformada. La actividad puede llenar el tiempo, pero no produce fruto. El fruto solo nace cuando la esperanza deja de estar en lo natural y se deposita exclusivamente en Cristo.
- Cuando Dios se mueve sobre la superficie de una vida o de un matrimonio, encuentra desorden y vacío, pero también establece el proceso para formar Su propósito. Él cuida y protege como quien cubre con alas, esperando el momento en que la vida de Cristo pueda surgir. A medida que la luz llega, la Palabra separa y lo viejo muere, el matrimonio comienza a experimentar paz, estabilidad y fruto espiritual. Este fruto no proviene del esfuerzo humano, sino de la vida de Cristo expresándose en ambos.
- Finalmente, el matrimonio que se somete a este proceso se convierte en un testimonio visible del evangelio: no una unión sostenida por obras, sino por la vida de Cristo que ordena, transforma y da propósito.
Síntesis:
- Cuando Dios se mueve en la superficie de nuestra vida, nos encuentra desordenados y vacíos. Lo desordenado y vacío es aquello que se encuentra sin propósito. Pero Dios hace brillar su luz para que no solo se vea nuestra condición, sino para separar en nosotros lo eterno de lo temporal. Porque cuando se nos empieza a revelar Cristo, también se nos revela aquello que tiene que ser separado de nosotros. Hay un proceso de separación y aprendizaje que duele pero que es necesario para salvarnos de nosotros mismos. Cuando su Vida avanza en nosotros, nos va salvando de nosotros mismos, y cuando la vida de Cristo comienza a traer separación, trae asimismo descanso. Cuando la vida de Cristo comienza a crecer, destruye todo lo que venimos arrastrando.
- Dios espera que nuestra vida se quiebre para que Su vida empiece a surgir, y él se abre espacio en nuestra vida, para que su vida se multiplique y se manifieste. Es por esto que el Evangelio nos da oportunidades para que Cristo sea formado en nosotros. Mientras la carne controla, el Espíritu transforma, y podemos vivir esa transformación porque estamos crucificados con Cristo y es el Espíritu Santo quien vive a través de nosotros.
- Dios no va a colaborar con la vieja naturaleza; solo lo hará con la vida del Hijo en nosotros, y para hacernos compatibles a él, Cristo atravesó la cruz. Y así lo vemos en el matrimonio, que para permanecer unido, debe permanecer en la vida de Cristo, y esa es la unión que los hace compatibles. El propósito del matrimonio es expresar el Evangelio. El matrimonio no es un invento humano, es deseo de Dios. Los momentos de fricción en el matrimonio son oportunidades para que Cristo sea formado. El consejo es morir. Toda la sanidad y restauración que pensamos recibir ya están resueltas en Cristo, quien es nuestro deleite y cuya expresión en nosotros es lo único que glorifica a Dios.
Citas Bíblicas:
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- Génesis 1.1-13
- Juan 15
