LA VOZ DEL HIJO: MI REFERENCIA DE DÓNDE ESTOY.
- Dios no está interesado en eventos, sino en procesos de transformación y en la formación de Cristo en su pueblo, es por esto que estamos siendo transformados por procesos porque Dios ya definió con su Palabra la forma en la que originalmente deberíamos estar.
- Cada etapa de cambio está marcada por una profundidad de verdad. No se puede ser más de lo que se conoce. Cada persona opera desde lo que conoce, se reproduce lo que se es. Se puede enseñar lo que se sabe o repetir lo que se escuchó o leyó, pero los frutos siempre revelarán la verdadera formación interior. El fruto muestra cuánto se ha arraigado la Verdad.
- Cuando Dios aclara por el Espíritu, surge una nueva profundidad en Cristo que no permite permanecer en la misma forma en la que Él encontró a cada uno. En este tiempo no se trata de aprender a Jesús como un judío de Nazaret, sino de aprender del Hijo eterno. Como declara 2 Corintios 3:17-18: “El Señor es el Espíritu, y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. Y todos, con el rostro descubierto, contemplando como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados en la misma imagen, de gloria en gloria, como por el Señor, el Espíritu”.
- Esta declaración pertenece al Cuerpo de Cristo: derecho y acceso para mirar a cara descubierta implica remover velos, remover cultura, remover formas antiguas de vivir, educar y congregar como si la cruz no hubiese existido. Mirar a cara descubierta significa quitar lo que obstruye la claridad de la visión. “Mirar” implica capturar un objetivo preciso; y al mirar con claridad, se produce transformación. No hay sombra que obstruya la luz. El velo fue removido para ver con precisión.
- Cuando se opera en sombras es porque algo obstruye el paso de la luz. No se trata solo de enseñanzas equivocadas o de esperar que Dios lo haga todo; muchas veces la vida misma genera objetos que producen sombras espirituales. Por eso aparece la imprecisión: se puede entender una verdad, repetirla, incluso enseñarla, pero no vivirla ni juzgar desde ella mientras haya sombra.
- La sombra es el efecto de un objeto que impide el paso pleno de la luz. Dios muestra la luz, pero corresponde a la responsabilidad humana remover el velo, quitar lo que impide la iluminación completa. Porque no hay inferioridad en quien no posee un nivel mayor de luz: en la luz de Dios se recibe más luz.Y el paso siguiente, después de remover el velo, es la transformación. Mirar a cara descubierta conduce a ser transformado de gloria en gloria. La luz permite entender la verdad y sacar a la persona del estado en el que se encuentra, introduciéndola en la forma del diseño original. Pero la luz no ilumina para sí misma, sino para alumbrar al ser humano. La posición en Cristo es perfecta, pero el proceso de ser perfeccionado continúa hasta expresar plenamente esa posición.
- La transformación es el resultado directo de la iluminación. Por eso hay responsabilidad en identificar y remover aquello que impide que la luz penetre. Esta obra no depende de un evento puntual, sino de una exposición continua y sin velos a Cristo, que produce transformación progresiva.
- El propósito no es decir lo que las Escrituras no dicen; eso no es revelación. Las novedades con apariencia bíblica no son revelación. Manipular el texto no es revelación. Cristo es la revelación. Lo revelado no es nuevo: es Eterno, pero antes había sombra. Conocer por el Espíritu lo que el Padre reveló en el Hijo da testimonio de la vida del Hijo. No se recibe revelación nueva: ya fue dada en el Hijo. Lo que se recibe ahora es iluminación.
- Vivir, servir y cantar sin iluminación es trágico. En ese estado se pierde la expresión genuina de la vida del Hijo, el acceso que hay en Él y la excelencia que ya fue dada.
- La naturaleza carnal desorienta los sentidos. Pablo advierte que así como la serpiente engañó a Eva, los sentidos pueden extraviarse. Por eso Efesios insiste en la iluminación del entendimiento para comprender lo que ya se posee. Es trágico vivir con menos, caminar en oscuridad o ignorar las realidades de Cristo, sirviendo sin ver al Hijo, buscando libertad sin conocer la Libertad, ministrando sin plena conciencia de Aquel a quien se ministra.
- La iluminación no es para exhibir sabiduría ni para acumular frases, no define salvación, sino propósito; define cómo se gestionan los negocios del Padre, cómo se colabora con su diseño eterno y cómo se manifiesta el nuevo pacto, la reconciliación y la posición otorgada en Cristo. No se trata de saber más, sino de saber cómo participar en los planes en los que el Padre incluyó a su iglesia.
- Jesús preguntó: “¿Quién dicen los hombres que soy yo?”. Algunos respondieron con figuras del pasado, pero la revelación del Padre mostró al Hijo eterno encarnado. Y cuando el Hijo es revelado, se entiende Reino e Iglesia, porque el reino no es un lugar; el reino es Cristo. La transformación es proceso, pero la declaración de Dios es un hecho espiritual consumado.
- Cristo edifica su Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecen. A quienes reciben esta revelación se les dan llaves del reino y autoridad para participar del propósito eterno.
Síntesis:
- Perder la conciencia de nuestra posición en Dios nos hace perder el entendimiento; por eso, su Palabra nos reubica. Cuando el hombre pierde su posición en Dios, también la pierde con respecto a sus hermanos, y así vivimos agregando cosas para tapar la vergüenza, aunque Dios no nos había perdido. Por eso necesitamos anclarnos en todo lo que se nos está aclarando sobre la realidad de nuestra posición, entendiendo que a Dios no le interesan los eventos, sino los procesos de transformación. Al fin y al cabo, no podemos ser más de lo que conocemos, porque reproducimos lo que somos, y es el Espíritu quien aclara.
- En este camino, podemos enseñar lo que sabemos, pero el fruto evidenciará lo que somos, ya que estamos aprendiendo al Cristo eterno y necesitamos mirar con un objetivo preciso. Cuando operamos en sombras es porque algo obstruye el paso de la Luz; sin embargo, la Luz nos hace entender la Verdad, y la transformación es el resultado de esa iluminación. Así, la ley de Vida desarrolla en nosotros el propósito. Conocer en Cristo es ver el testimonio de Él en nosotros, y por eso es tan trágico vivir con velos, ignorando la realidad del Hijo.
- La iluminación de lo que ya tenemos nos posiciona y define el propósito, de modo que necesitamos entender cuáles son los planes en los que el Padre nos ha incluido. Ver al Hijo eterno es nuestra causa, porque el propósito es la revelación del Hijo eterno, en quien están todos los tesoros y la sabiduría de Dios. Conocer el reino es conocer al Hijo, y la madurez implica responsabilidad. Muchas veces chocamos con la vida del reino porque no se nos ha revelado el Hijo eterno y seguimos maravillados con las obras, aunque en Él está todo el contenido que el Padre quiere que conozcamos.
- Además, el Señor nunca va a cambiar de planes por nuestras urgencias u opiniones, y esto nos recuerda que no estamos solo para escuchar predicaciones, sino para manifestar el reino. La gracia se trata de poner fundamento en Cristo. La sombra desaparece en la medida que la Luz llega, y por eso Cristo es la respuesta a la pregunta del Padre: “¿Dónde estás?”. Dios puso la cara de su Hijo en nosotros, y estamos en el Hijo amado. El mismo Dios que pregunta “¿dónde estás?” ya había trazado el Camino para encontrarnos.
- De esta manera, ya no serán nuestras heridas las que nos definan, sino las del Hijo, porque Adán perdió su posición por desobediencia, pero Jesús ganó nuestra posición por su obediencia perfecta.
Citas Bíblicas:
- Apocalipsis 2.4
- Job 38.4
- Colosenses 3.3
- 2 Corintios 3.18
- Efesios 1.20
- Mateo 16.13-19
- Mateo 17.1-5
- Efesios 2.1
